El Palazzo Capponi está en Via di Ripetta, la más occidental de las tres calles que se abren en abanico hacia el sur desde Piazza del Popolo. El núcleo del edificio es del siglo XVI; dos alas las añadió en los años cincuenta el INAIL, el instituto estatal de accidentes de trabajo, que ocupó el palazzo desde 1951 y rehízo casi todo lo que quedaba de los interiores. Alfredo Romeo lo compró en 2012 con el INAIL todavía dentro y llamó a Zaha Hadid Architects en 2015. Todo el conjunto está protegido, ampliaciones de los años cincuenta incluidas, y la Soprintendenza no permitía abrir los muros para pasar instalaciones. La respuesta fue una segunda piel: un forro de superficies curvas separado unos centímetros de la fábrica original, con la cámara llevando tuberías y cables. Cuarenta y nueve empresas y 230 licencias de obra después, abrió en enero de 2025.
Hay 74 habitaciones y suites en trece categorías, y casi ninguna tiene la misma distribución que otra, porque la planta del palazzo no lo permitía. Las Deluxe van de 30 a 41 metros cuadrados en las cuatro primeras plantas y dan al patio interior o a la calle; las Premier, de 43 a 50; las Junior Suites, de 49 a 53, con ducha de vapor. Cinco suites del piano nobile conservan techos pintados restaurados, del siglo XVII según los arquitectos y según un palazzo que los Capponi no compraron hasta 1615, y no del Renacimiento que anuncian las propias páginas del hotel, y dos de ellas tienen altillo al que se sube por escaleras de Krion. El viejo patio es hoy el vestíbulo, cubierto con un techo de cristal que se retira, con suelo de piedra volcánica y ébano, bóvedas escamadas en latón sobre la cabeza y un piano rojo junto a una cabeza de mármol de Livia Drusila sacada del suelo de aquí.
Il Ristorante Alain Ducasse Roma es el primero del cocinero en Roma, con la cocina abierta a la sala bajo un techo bajo de ébano de Macasar y Iacopo Iualè al frente; los menús degustación estaban en 305 euros los de siete pases y 280 los de cinco cuando lo comprobamos, y abre de martes a sábado, solo cenas. Es además la única sala de la casa que acepta reservas de fuera, a través de OpenTable. Il Cortile es la alternativa de todo el día en el jardín, donde la carbonara cuesta 39 euros y un club sandwich 37, y La Terrazza, en la última planta, sirve Krug sobre Piazza del Popolo de jueves a domingo, de seis a medianoche; las dos son solo para huéspedes, igual que el spa de Sisley Paris y la piscina. Esa piscina es la pieza por la que vuelve la gente: empieza dentro, sale al jardín y termina sobre un suelo transparente a unos cuatro metros por encima de un taller romano excavado.
Resérvelo si el edificio es el motivo del viaje y le va bien un hotel tranquilo. Ahí está la división en las opiniones: el diseño, el desayuno de Ducasse y el personal se llevan notas altísimas, mientras que un grupo más pequeño encuentra el sitio frío y extrañamente vacío para ser un cinco estrellas romano. Tripadvisor se queda en 3,7 sobre 18 opiniones, doce notas máximas contra seis mínimas y nada en medio, y varias de las peores son de gente a la que rechazaron en la puerta y no de huéspedes. La otra objeción es la tarifa. En el motor del propio hotel febrero arrancaba en 1.440 euros la noche y mediados de mayo en 1.710, antes de una tasa municipal de 10 euros por persona y noche. No hay aparcamiento, y la salida es a las 11:00, que es pronto para lo que cuesta.