El palazzo se levantó para la familia Evangelisti a principios del siglo XVII con un proyecto de Giovanni Battista Mola, pasó después a la Venerable Cofradía de la Santísima Trinidad de los Peregrinos y Convalecientes, cuya compra siguen recordando dos lápidas en la fachada, y se reformó en el siglo XVIII como pabellón de caza de los Guidi. El conde Goffredo Manfredi lo compró en 2002; el hotel no publica año de apertura, y la fecha de 2003 sale de su ficha de Expedia. Una loggia en lo alto lleva el lema de Cicerón Virtute duce, comite fortuna. El edificio es diminuto: la planta que registra OpenStreetMap mide unos 18 metros por 22, repartidos en cuatro niveles, y su flanco oeste da directamente a la excavación del Ludus Magnus, el campo de entrenamiento de los gladiadores, con los arcos más cercanos del Coliseo unos 190 metros más allá, al otro lado de la excavación y de Via Labicana. Conviene ser exacto con esa vista: la palabra que emplea el propio hotel es panorámica, no cercana. Desde la terraza de Aroma, cuatro niveles por encima de un terreno que ya está unos ocho metros más alto que el del Coliseo, la mirada cae hacia el segundo orden de arcadas, más o menos a media altura de un monumento que se eleva 48,5 metros, así que usted mira de frente a las arcadas y hacia arriba al ático. El Ludus Magnus de abajo es una vista y no una visita: la Sovrintendenza Capitolina lo mantiene cerrado al público desde el 1 de agosto de 2024 por una restauración de 3,5 millones de euros, y no estuvo entre los nueve yacimientos que el programa Caput Mundi reabrió en junio de 2026.
Veinticuatro llaves repartidas en dos edificios. El palazzo alberga doce habitaciones y, según la cuenta del hotel, tres suites, aunque el motor de reservas vende cuatro; las nueve Grand View Suites ocupan la residencia contigua, una retícula ortogonal de travertino de Matteo Thun terminada en 2018, con interiores de Giorgia Dennerlein, de Loto Ad Project, cuyo propio historial habla de cinco suites allí y no de nueve. Dentro del palazzo, las tres categorías de habitación son pequeñas y desiguales. La Prestige tiene 25 metros cuadrados y da al patio interior, la Executive tiene 27 y da al parque de Colle Oppio, y la Master vuelve a los 25, en las plantas segunda y tercera, y es la única de las tres con el anfiteatro en la ventana y una ducha orientada hacia él. Las suites suben desde los 60 metros cuadrados de la Colosseo y la Ludus Magnus hasta los 150 de la Grand View Penthouse. Una bañera frente al anfiteatro existe en una sola categoría, la Grand View Suite Colosseo de 120 metros cuadrados, que se vende con bañera de hidromasaje y vistas al Coliseo por 2.289 euros la noche en el sondeo de febrero.
Aroma está en la azotea, se sube en ascensor y tiene una estrella en la guía Michelin Italia de 2026 con Giuseppe Di Iorio al frente. La carta del verano de 2026 llevaba cuatro menús degustación, de los 270 euros del Corinzio a los 190 del vegetariano Colle Oppio, con un Smart Menu más corto a 180 y maridajes desde 120. El inspector de Michelin anota que la terraza queda cerrada y cubierta en invierno, de modo que la vista funciona en cualquier mes, con la Domus Aurea a la derecha y la cúpula de San Pedro al fondo. El desayuno se sirve ahí arriba para todos los huéspedes, sea cual sea la tarifa. The Court, encajado entre los dos edificios y elevado sobre el Ludus Magnus, es el bar de cócteles de Matteo Zed, abierto de 18:00 a 01:30, con un consumo mínimo de dos creaciones por persona, 60 euros en la carta impresa actual y 55 en la web. No hay spa, ni piscina, ni página de bienestar en la web; el gimnasio sobre el Ludus Magnus solo aparece en las fichas de SLH y de Expedia.
Resérvelo por la ventana y no por los metros cuadrados, y sepa lo que le cuesta la dirección. Via Labicana lleva autobuses, tranvías y motos, los huéspedes hablan de un aislamiento acústico escaso, y las peores notas parciales de Tripadvisor, sobre 767 opiniones, son la relación calidad-precio con un 4,2 y la calidad del sueño con un 4,5. Un restaurante con estrella y un bar solo con reserva hacen pasar a no alojados por la misma entrada todas las noches. Si quiere jardín, spa y sitio para extenderse, el Hotel de Russie tiene las tres cosas. Para una azotea sobre ruinas por bastante menos, el 47 Boutique Hotel mira al Foro Boario. Y si lo que busca es un monumento en la ventana pero no la tarifa, el Albergo del Senato da al pórtico del Panteón.