Torel Avantgarde abrió en septiembre de 2017 en Rua da Restauração 336, en la ladera empinada al oeste del centro, entre los jardines del Palácio de Cristal y la torre de los Clérigos, con las galerías de Rua Miguel Bombarda a una calle. Los interiores son de Isabel Sá Nogueira y Nano Design, y cada una de las 38 habitaciones, las 21 suites y la Maisonette toma nombre y carácter de una figura de la vanguardia: Picasso, Frida Kahlo, Coco Chanel, Hitchcock, Zaha Hadid. Es temático, pero hecho con la contención y el oficio portugués suficientes para que aguante.
Bajo esas 60 habitaciones y suites hay doce categorías, de la Classic Room a la Maisonette pasando por Executive Room, Executive Superior Room, Executive Deluxe Room y Executive Royal Room, y después Suite, Superior Suite, Deluxe Junior Suite, Deluxe Suite, Royal Suite y Royal Jacuzzi Suite. La escalera va sobre todo de metros y de lo que hay al otro lado del cristal. Una Classic tiene de 18 a 22 m² con ducha y sin vista declarada. Una Executive Deluxe tiene de 27 a 31 m² con balcón sobre el Duero. Las zonas comunes son serenas más que llamativas: el café Flower Room mirando al jardín, la terraza del Camellia Garden y el Calla Wellness & Spa en el nivel -1, con piscina climatizada, sauna, duchas sensoriales y gimnasio, abierto de 10 de la mañana a 8 de la tarde.
El río hace el resto. Las habitaciones de las categorías Deluxe y Royal tienen balcón sobre el Duero y Gaia, y el Camellia Garden tiene una piscina exterior con la misma vista. El restaurante, Digby, recorre un ala detrás de un cristal de suelo a techo con la terraza de la piscina y el río al fondo, en una sala que Sá Nogueira forró de paneles de corcho y cuerda colgada. Digby es Sir Kenelm Digby, el sabio del siglo XVII al que se atribuye la botella de vino moderna, Tenro by Digby es su línea de carne madurada, y la cocina es portuguesa contemporánea de João Figueirinhas, que creció en Vila Nova de Gaia y llegó tras pasar por The Yeatman, de dos estrellas, y Euskalduna Studio. Cena todas las noches, comida a la carta los fines de semana y un menú ejecutivo a mediodía entre semana. Los huéspedes no dejan de mencionar al personal, el arte y la vista del desayuno.
El pero es la geografía. El hotel está en una ladera a un kilómetro aproximadamente de Aliados y muy por encima del río, así que todo paseo de vuelta desde el agua termina en cuesta, y las Classic de entrada son las que hay que evitar. Reserva el balcón o habrás reservado el hotel equivocado, y ten en cuenta que cuesta unos 120 euros más por noche que una Classic, en noviembre igual que en febrero. Las opiniones están divididas sobre la relación calidad-precio en las tarifas punta, algunas habitaciones quedan oscuras y algunos suelos crujen al pisarlos. El invierno es la temporada barata y septiembre lo más que duplica. Alójate aquí si la habitación es el motivo del viaje y la cuesta no te va a molestar.