Dos islas, un estrecho y un mar de arena
Desde el puerto de Playa Blanca, Fuerteventura no es una mancha en el horizonte, sino una costa que se lee: a 13 km al otro lado del estrecho de La Bocaina, tan cerca que la travesía es más corta que el trayecto en coche de Playa Blanca al aeropuerto de Lanzarote. Fred. Olsen bautizó su ferry rápido con el nombre del estrecho. El Bocayna Express, de 66 metros de eslora y construido para esta única travesía, lleva 436 pasajeros y hasta 69 coches a 31 nudos, y la hace en 25 minutos.
La razón para ir es lo que cambia al otro lado. Lanzarote es la isla de los volcanes de Timanfaya y de la sobriedad encalada de Manrique. El norte de Fuerteventura se abre en arena: el Parque Natural de Corralejo, 2.668,7 hectáreas de dunas que se extienden hacia el sur desde el borde de Corralejo hasta el cono volcánico de Montaña Roja, una extensión arenosa de "enorme interés científico", en palabras de Turespaña, que solo se puede recorrer por los senderos señalizados.
Entre las dos está Lobos. El islote tiene menos de cinco kilómetros cuadrados, está a dos kilómetros de Fuerteventura y debe su nombre a las focas monje, los lobos marinos, que vivieron en él. Desde La Caldera, su punto más alto con 127 metros, se ven las dos islas. El ferry pasa junto a él en la llegada a Corralejo; para desembarcar hace falta un trayecto corto en barco desde el puerto de Corralejo y un permiso de visita del Cabildo de Fuerteventura.
Tres compañías, unas 25 salidas en cada sentido un día laborable de invierno y billetes desde 19,50 €: pocas travesías en Europa dan tanto en tan poco tiempo.










