Por qué el mar es la forma correcta de llegar
La Costa Amalfitana mira al agua. Sus pueblos se construyeron donde un barranco llega a la orilla, con las casas apiladas ladera arriba y las iglesias vueltas hacia el golfo, y durante siglos el mar fue el camino. Entre el siglo IX y el siglo XI, Amalfi fue una república marítima cuyos barcos traían especias y telas finas de Bizancio, el norte de África y Oriente Próximo; un tsunami destruyó su puerto en 1343, y con él el poder naval de la república. La UNESCO declaró toda la costa Patrimonio de la Humanidad en 1997.
Desde Sorrento el barco tiene que dar la vuelta larga, y precisamente de eso se trata. La península es el final de los Monti Lattari, una cresta caliza que separa el golfo de Nápoles del golfo de Salerno, y para pasar de uno a otro se dobla Punta Campanella, el cabo donde los griegos tenían un santuario de Atenea y los barcos que pasaban vertían vino al mar como ofrenda. Al otro lado de la Bocca Piccola, un estrecho de unos 5 km de ancho y 70 m de profundidad media, Capri queda tan cerca que se distinguen sus acantilados.
Luego empieza la otra costa: paredes de caliza desnuda que caen sobre aguas profundas, los tres islotes de Li Galli, donde los antiguos situaban a las Sirenas, y Positano, que encuentras de frente desde el agua y no a trozos desde una curva cerrada. La carretera de la costa, la SS163, serpentea durante unos 50 km con un solo carril estrecho por sentido, y en verano esa es la razón de que el barco sea más rápido.









