Por qué la línea de Bergen es uno de los grandes viajes en tren de Europa
Hicieron falta unos quince años, de 1894 a 1909, para tender un ferrocarril sobre las montañas entre las dos mayores ciudades de Noruega. Los ingenieros tenían que cruzar Hardangervidda, la mayor meseta de montaña del norte de Europa, y lo hicieron con 182 túneles y una línea que sigue siendo el ferrocarril más alto del norte de Europa. Bergen tenía tren hasta Voss desde 1883; el paso de montaña la unió a Oslo, y la estación de Bergen, inaugurada en 1913, cuatro años después que la línea, sigue en pie al final del trayecto.
Lo que hace grande el viaje es el orden en que el país se te va mostrando. Durante más de tres horas el tren sigue ríos y lagos entre las granjas y los bosques de Buskerud y Hallingdal. Pasado Geilo los árboles clarean hasta desaparecer, y en el tramo más alto el ferrocarril es la única forma de llegar: Finse, Hallingskeid y Myrdal no tienen ninguna carretera. La pista de suministro que usaban los obreros para cruzar la meseta, el Rallarvegen, sobrevive como ruta ciclista, y en verano hay quien baja del tren con la bici para recorrerla.
Finse es el punto más alto, a 1.222 metros: un hotel y unos pocos edificios junto al andén, con el glaciar Hardangerjøkulen detrás. El equipo de rodaje de El imperio contraataca se alojó en el hotel en 1979 y usó la nieve de alrededor como el planeta helado Hoth. Al oeste de Finse la línea entra en el túnel de Finse, de 10,3 km, donde la vía alcanza su verdadera cota máxima, 1.237 metros, y sale al largo descenso hacia el oeste: galerías contra la nieve, el enlace con el tren de Flåm en Myrdal, y después Voss y los fiordos.









